Entre Zapotlanejo y Tepatitlán, a poco más de 40 kilómetros de la capital tapatía, se alza uno de los tesoros mejor guardados de Jalisco: el Puente de Calderón, erigido en el siglo XVII sobre el Río Colorado y testigo directo de la batalla que el cura Hidalgo libró el 17 de enero de 1811 contra las fuerzas realistas. Declarado monumento histórico y hoy corazón del Parque Ecoturístico que lleva su nombre, este rincón de Los Altos convierte cada visita en un viaje donde el pasado se respira y la naturaleza seduce a cada paso.
El parque ofrece una combinación irresistible de historia viva y aventura al aire libre: terrazas con asadores, senderos que conducen a una tirolesa, cascadas y temazcal conforman una agenda perfecta para el fin de semana. Los puentes colgantes, la zona arbolada y el arroyo que desemboca en el lago artificial completan un escenario que pocas veces se encuentra tan cerca de una ciudad. La entrada es accesible, el paisaje generoso y el ambiente familiar inmejorable.

Los números no mienten: durante 2025 el lugar recibió más de 80 mil visitantes — solo en domingos — provenientes de Tonalá, Tlaquepaque, Guadalajara y hasta turistas extranjeros, lo que lo consolida como la escapada imperdible del momento. Si todavía no has pisado sus piedras, este verano no tiene perdón.
