El corazón tapatío no solo late entre catedrales, mariachis y palacios de cantera rosa; también late entre cazuelas humantes, tortillas recién hechas y el inconfundible aroma del pozole que se cuela por las calles del Centro Histórico. Guadalajara es, antes que cualquier otra cosa, una ciudad que se come y se bebe con orgullo, y quien visita su zona fundacional sin detenerse a la mesa, sencillamente no la conoce.
La Chata, en Av. Corona 126, es el templo obligado: fundada en 1942 por doña Carmen Castorena, más de ocho décadas después sigue siendo la voz más auténtica de la cocina tapatía, con tortas ahogadas, pozole y enchiladas que han conquistado paladares nacionales e internacionales. A unos pasos, La Sin Rival, la cantina más antigua de la ciudad fundada en 1898, ofrece el espíritu clásico y cancionero de las cantinas tapatías de toda la vida, mientras que la Birriería Las 9 Esquinas representa la cita ineludible para quien quiera entender por qué la birria jalisciense es patrimonio cultural en cada bocado.

El Centro también ha sabido renovarse sin traicionarse. Hotel Origen 438alberga una propuesta gastronómica que mezcla cocina internacional con influencias mexicanas y argentinas, instalada en un boutique hotel rodeado de arte, con terraza bar incluida, perfecta para cerrar la noche con estilo. Aquí, comer no es un trámite: es el espectáculo principal.
