A hora y media de Guadalajara, entre montañas, cafetales y cactus que se estiran como brazos hacia el cielo, el municipio de Amacueca convierte mayo en su gran temporada estelar. Con huertos organizados, productores dedicados y un festival cultural que este año celebra tres décadas de tradición, este rincón del sur de Jalisco reafirma su corona como el territorio pitayero por excelencia. Treinta años de fiesta no son cualquier cosa, y Amacueca lo sabe bien.
La pitaya no solo representa un manjar estacional, sino también el principal motor económico de la región, generando sustento para cientos de familias. Y vaya que lo celebran con todo: coronación de la Reina de la Pitaya, ballet folclórico, shows de comediantes y el legendario concurso del “Comilón de Pitayas”, donde el récord vigente es de 34 frutos devorados en apenas tres minutos. La fruta, con su cáscara espinosa y pulpa que va del blanco al morado, es mucho más que un bocado: es identidad, es orgullo, es espectáculo puro.

Lo que inició hace 30 años con 200 o 300 personas hoy recibe más de 20,000 visitantes en toda la temporada, con la meta de llegar a 25,000. A ese ritmo, Amacueca no tarda en necesitar un escenario más grande. Mientras tanto, quienes aún no han hecho la peregrinación pitayera tienen una oportunidad de oro este mayo: ir, comer, asombrarse y entender por qué este pueblo chico tiene, definitivamente, fiesta grande.
