Alisten el corazón y el tequila, que el profeta del folk más crudo de Durango viene a sacudirnos el polvo de la monotonía.
No es un concierto, es un exorcismo literario. Lázaro Cristóbal Comala no se anda con rodeos; su música es un paisaje de cielos grises y verdades que duelen, pero que se necesitan escuchar para sentirse vivo. Con esa lírica que parece arrancada de una novela de Juan Rulfo y una voz que carga con el peso de mil inviernos, el cantautor duranguense llega este sábado 28 de marzo al Anexo Independencia, un recinto que se ha convertido en el refugio perfecto para las propuestas que no temen a la oscuridad ni a la honestidad brutal.
En un mundo saturado de ritmos plásticos y letras desechables, encontrarse con la narrativa de Lázaro es un acto de resistencia cultural. Sus canciones son crónicas de la derrota y la redención, piezas de un rompecabezas emocional que solo se termina de armar en el cara a cara con su público. Verlo en vivo es entender que la melancolía también puede ser un refugio acogedor cuando se comparte con la intensidad de un artista que deja jirones de alma sobre el escenario.
Si lo tuyo es la música con raíces, la poesía que no pide permiso y los acordes que muerden, esta es la cita obligada del fin de semana. No esperes fuegos artificiales ni parafernalia innecesaria; aquí lo que brilla es la palabra y el sentimiento puro. Nos vemos en el Anexo para brindar por las canciones que nos ayudan a sobrevivir a nosotros mismos.
