Filma Jalisco enciende motores y pone al estado en el mapa de la industria audiovisual nacional con una apuesta que va más allá de los reflectores.
El director Alejandro Tavares lo dice sin titubeos: Jalisco vive su momento dorado frente a las cámaras. Con producciones encabezadas por figuras como Bruno Bichir y Damián Bichir, y una ambiciosa adaptación cinematográfica de Al filo del agua —la novela capital de Agustín Yáñez—, el estado deja de ser escenario secundario para convertirse en protagonista de la industria fílmica mexicana. La estrategia es clara: descentralizar, atraer talento y demostrar que hay vida cinematográfica más allá de la Ciudad de México.
El catalizador no es casualidad: el Festival Internacional de Cine de Guadalajara abrió la puerta y los estímulos fiscales, el programa de cash rebate y una infraestructura local sólida hicieron el resto. Hoy Jalisco suma tres películas en lo que va de 2026 y espera cerrar el año con alrededor de doce grandes producciones nacionales, cortometrajes, documentales y óperas primas incluidas.

Zapopan, Tepatitlán, Puerto Vallarta y el Centro Histórico tapatío ya figuran como locaciones de primer nivel. La derrama económica, el empleo para técnicos, actores y crew local, y la llegada de empresas especializadas en postproducción dibujan un ecosistema que apenas comienza a desplegarse. El nuevo set de México tiene nombre propio: Jalisco.
